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1. INTRODUCCIÓN
La Falla de Berzosa separa dos conjuntos de rocas bien diferenciados en cuanto a sus características
litoestratigráficas ymetamórficas. Al Wde la falla aflora un conjunto de materiales metasedimentarios
cuya edad probable abarca desde el Proterozoico superior al Cámbrico inferior, y que incluye
esquistos, paragneises migmatíticos, areniscas feldespáticas, conglomerados, porfiroides ácidos,
ortocuarcitas, cuarcitas anfibólicas y/o biotíticas, cuarcitas grafitosas, rocas de silicatos cálcicos
(paranfibolitas) y mármoles; con cuerpos intercalados de ortogneises glandulares de probable
origen plutónico o subvolcánico, leucogneises metagraníticos y algún raro nivel de rocas básicas
(ortoanfibolitas). El grado metamórfico progresa de forma general de E a W, desde condiciones de
grado medio (sillimanita I) a grado alto (sillimanita II) y hay cuerpos intrusivos variscos (plutón de
La Cabrera).
Al E de la Falla de Berzosa aflora en cambio una potente serie de esquistos, filitas, pizarras y
cuarcitas, con menor proporción de areniscas feldespáticas y rocas de silicatos cálcicos, ortogneises
glandulares (volcánicos o subvolcánicos) y leucogneises metagraníticos, de edad paleozoica, en su
mayor parte ordovícica, y cuyo grado metamórfico aumenta en términos generales de E a W, desde
condiciones de grado bajo (clorita) a grado medio (sillimanita I). En este bloque oriental no existen
cuerpos intrusivos variscos de importancia.
La Falla de Berzosa constituye, pues, un accidente de notable importancia por las marcadas
diferencias entre los bloques que separa, y sobre cuyo funcionamiento se ha debatido mucho.
Hasta los años 80, fue interpretada como un cabalgamiento del bloque occidental de alto grado (el
Dominio Central del Guadarrama) sobre el bloque oriental de menor grado metamórfico (Dominio
Oriental), posteriormente invertido por una fase posterior de deformación (D
3
). Esta inversión por
rotación del accidente era necesaria para explicar la disposición actual de la estructura, que presenta
una inclinación hacia el E, al tiempo que no alteraba la interpretación cinemática, puesto que los
sentidos de movimiento relativo de un bloque respecto al otro no variaban. El modelo era consistente
con el momento del conocimiento geológico general, previo a las descripciones sistemáticas, en la
literatura científica, de accidentes dúctiles extensionales en ambientes orogénicos, y también con las
observaciones que se estaban realizando en otras zonas más externas del Macizo Varisco Ibérico,
según las cuales existían tres episodios de deformación principales, todos ellos compresivos: un
episodio D
1
que generaba grandes pliegues tumbados vergentes al E, con una esquistosidad de plano
axial asociada; un episodio D
2
que producía cabalgamientos en la base de alguno de estos pliegues
como progresión de la deformación por cizalla, adelgazando sus flancos inversos y desarrollando
una segunda esquistosidad que cortaba a la primera; y una última fase importante de plegamiento,
D
3
, con una esquistosidad de crenulación asociada que en el área del Sistema Central tenía una
disposición retrovergente, es decir, hacia el W.