Dos décadas atrás las revistas científicas (tanto en papel como en electrónico) acostumbraban a publicar sus números en formato cerrado, al que sólo se podía acceder previa compra del fascículo o mediante suscripción a la revista. Por supuesto, la titularidad de los derechos de autor de carácter patrimonial (que habilita el control exclusivo sobre acciones tales como la reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de la obra) quedaban en manos de la editorial de forma indefinida.
A lo largo de los últimos años, y gracias a las presiones de investigadores, instituciones académicas, agencias financiadoras, gobiernos, etc., las revistas científicas se han visto obligadas a ofrecer algún tipo de vía a los autores para que los resultados de las investigaciones financiadas por el conjunto de la sociedad puedan difundirse en abierto. De esta forma, nacen las políticas de autoarchivo de las revistas científicas, las cuales permiten (o no) subir a los autores alguna de las versiones del artículo a repositorios (institucionales o temáticos), página web de los autores, página de la universidad, etc.
En un primer momento, estas políticas eran sencillas. De hecho, se clasificaban en base a 4 colores (aún lo sigue haciendo así el proyecto Dulcinea, para las revistas científicas españolas):
Pero estas políticas se han complicado mucho en los últimos años, sobre todo para el caso de las revistas híbridas (aquellas que combinan en sus números artículos "cerrados" con artículos publicados "en abierto", previo pago, en este último caso, de cantidades no pequeñas por parte de los autores).
Para mantener restringido al máximo la difusión en abierto de los trabajos y a la vez cumplir con las exigencias de las agencias de financiamiento - al menos de las más importantes - las revistas han ido incorporado una serie de criterios y condiciones según los cuales permiten (o no) el autoarchivo: la existencia de un mandato de una agencia financiadora, la versión del artículo que puede difundirse en abierto (preprint, version aceptada - o postprint - y versión final del editor), la retención o no del copyright por parte de la editorial, los lugares a los que se pueden subir las distintas versiones del artículo, las declaraciones y enlaces a la página de la editorial que deben incluirse en el texto, etc. Todo ello hace bastante complicado entender estas políticas.
Para ello, el JISC (agencia sin ánimo de lucro del Reino Unido), ofrece la plataforma Open Policy Finder (antes Sherpa Romeo) que agrega y presenta las políticas de acceso abierto de editoriales y revistas de todo el mundo, informando, de manera actualizada, de cuáles son las políticas y condiciones de copyright de las editoriales y cómo éstas pueden afectar a su posterior auto-archivo o depósito en repositorios institucionales o temáticos.