24/02/2026
El fin de la vida contemplativa no es otro, según Aristóteles, que la búsqueda de la verdad a través del intelecto; teoría filosófica que aplicaría Santo Tomás de Aquino al ámbito religioso siglos después. La verdad sobre el mundo y nosotros mismos se reveló abruptamente en marzo de 2020, cuando no nos quedó más remedio que confinarnos y enfrentarnos con (demasiados) espejos, quizás antes empañados por el ruido de lo cotidiano.
En medio de una pandemia que nos ha mostrado el significado de confinamiento, retomé la edición de un proyecto fotográfico comenzado meses atrás: la realidad deunas mujeres que habían decidido retirarse por voluntad propia para dedicarse a la vida contemplativa. Mujeres invisibles entre las invisibles, que en esos momentos podrían arrojar luz y algunas claves sobre cómo sobrellevar un encierro, en nuestro caso, no deseado.
Mi estancia en el Monasterio de Sancti Spiritus de Toro -donde conviví en 2019 con una comunidad de siete monjas Dominicas de clausura fotografiando al detalle sus días- fue propiciada por mi interés como arquitecta por plasmar visualmente la relación entre la arquitectura y la vida que alberga. A la luz de los acontecimientos, tanto los testimonios de las hermanas como el material fotográfico resultante adquirieron otro matiz, y sus vidas cobraron más sentido que nunca. En la reclusión encuentran el necesario silencio para llevar a cabo su “ora et labora”: el Monasterio como unidad integral, centro de pensamiento y estudio, de producción y descanso. Igual que ha ocurrido con nuestras casas. Por otro lado, ellas ya se comunicaban con sus familias, recibían en sus redes sociales cientos de peticiones de oración diarias y estudiaban telemáticamente antes de la llegada del coronavirus; su negocio de dulces ya funcionaba de manera online, adelantándose al significado de la tecnología en nuestras vidas.
Mi obra reciente gira en torno a realidades que permanecen ocultas o veladas, la desigualdad de género y la arquitectura como fondo escénico de nuestras vidas. Decidí abordar este proyecto sobre las Dominicas de Toro porque se podía establecer unaconfluencia de estas tres líneas de investigación. La imagen de la hermana priora gestionando pedidos online a través de su teléfono móvil sobre el fondo apabullante delclaustro del Monasterio, de magnífica arquitectura, fundado por Teresa Gil en 1307 y cuya historia estuvo marcada siempre por mujeres poderosas, me impactó profundamente.
Por otro lado, quise explorar este lugar común de quienes nos dedicamos al arte: el constante deseo de encontrar nuestro Walden, un lugar de retiro, alejado del ruido diario, que favorezca un ánimo creador. Volver al momento en que la arquitectura marcaba la frontera entre lo público y lo privado, antes de que el Movimiento Moderno la desdibujase, -como apunta Beatriz Colomina-, y la actualidad gaseosa del mundo digital terminara de pulverizarla.
Quise aprovechar entonces, en profundidad, mi estancia en el Monasterio, encerrándome también (saliendo solo para comprar víveres) y siguiendo las rígidas pautas diarias de las hermanas, marcadas por sus momentos de oración. Influenciada por el fotógrafo de arquitectura Lucien Hervé y su “Arquitectura de la verdad” sobre la abadía cisterciense de Le Thoronet, busqué también la verdad muros adentro, a través del objetivo fotográfico: mi trabajo pretende hacer visible las vidas ocultas de estas mujeres. Como ellas, hay muchas más. Sienten, desean y padecen como cualquiera de nosotras y sufren la discriminación y desigualdad de forma todavía más grave dentro de la Iglesia. Ellas denuncian que parte del problema de la falta de vocaciones -hecho que está provocando la desaparición de congregaciones religiosas por todo el país y el abandono, entonces, de los monasterios y abadías que habitan- radica en la mala imagen proyectada y en un desconocimiento casi total sobre la realidad de sus vidas.
El proyecto “Sancti Spiritus” aporta mi visión fotográfica acerca de un modo de vida relevante en el momento actual: el de mujeres confinadas por voluntad propia, de cómo y por qué eligieron su camino y de las dificultades que sufrieron para adaptarse a una clausura perpetua. Y lo más importante, supone cumplir con el compromiso adquirido por mi parte con ellas: contribuir a un acercamiento a toda esa vida oculta que ocurre tras los muros.
Para saber un poco más:
http://anaamado.com/indexhibit/