El principio de igualdad de oportunidades ha encontrado su manifestación en el movimiento de inclusión; con ello, se intentan visualizar las barreras para la presencia, el aprendizaje y la participación de las personas en exclusión por sus alteraciones en el desarrollo neurotípico con respecto a la mayoría de las personas. Ello no quiere decir que el desarrollo siga unas pautas ordenadas ni que las personas neurotípicas no tengamos alteraciones del desarrollo, sólo que no afectan de forma relevante al desarrollo de nuestras vidas con y entre los demás sin el apoyo necesario, también, de las demás personas.
La inclusión se puede comprender inmersa en el principio de normalización como el derecho de las personas con algún tipo de alteración o desorden del neurodesarrollo a participar en todos los ámbitos de la sociedad o comunidad, en el ámbito ordinario de vida aprendiendo en los contextos que la sociedad ha creado y desarrollando capacidades en los entornos vivenciales y experienciales para los que se necesita de estimulación y aprendizaje; estos instrumentos que la sociedad ha creado los conocemos por ser únicos y comunes para todas las personas en su acceso a la educación, la salud, el empleo, el ocio, la cultura y los servicios sociales, reconociéndoseles los mismos derechos que el resto de la población. En este caso, las investigaciones contemporáneas en el desarrollo nos señalan que los instrumentos mentales son desarrollados en los marcos y entornos vivenciales, dependiendo de ellos, su creación o construcción.
En este caso, la inclusión nos señala los derechos y criterios en el ámbito del paraguas legal que facilita que las personas con trastornos del neurodesarrollo deben poseer para tener las oportunidades de aprendizaje y vida con y entre las demás personas; oportunidades y posibilidades de:
La inclusión apunta directamente a la escuela como el instrumento social de igualdad de oportunidades para todas las personas; un espacio de inclusión social, donde se conoce, comparte y convive con personas provenientes de otros grupos sociales y se aprende a respetar y valorar la diversidad que nos enriquece como sociedad y personas. La calidad educativa reside en crear estos entornos donde haya plena participación, aprendizaje y éxito para el desarrollo de una vida adulta capaz, autónoma y de calidad. La diversidad debe convertirse en oportunidades para cada una y todas las personas generando los entornos para el desarrollo de todas y cada una.
Como espacio privilegiado en que todas aprendemos a convivir y cada una tiene la oportunidad de desarrollar al máximo sus capacidades de aprendizaje, la escuela debe poseer los instrumentos para que todas las personas se sientan a gusto, aprendan y sean mejores facilitando la vida de todas las personas inmersas en ella. La inclusión educativa debe formar parte de la estrategia general con la finalidad de alcanzar una educación de calidad para todos y todas.
Aunque la expresión "necesidades educativas especiales" puede ser una barrera para el desarrollo inclusivo y puede ser un rasgo de la discriminación institucional, forma parte del marco cultural y político de muchos centros e influye en numerosas prácticas. Eliminar las barreras para el juego, el aprendizaje y la participación supone movilizar recursos del centro y su entorno. Siempre hay más recursos para ello de los que se están utilizando; por recursos nos referimos a los profesionales, los equipos directivos, los niños, padres / cuidadores, los grupos locales y también en el cambio de culturas, políticas y prácticas. Los profesionales pueden tener habilidades de las que no son conscientes o que no están utilizando totalmente, puede haber miembros de la comunidad que compartan procedencia o deficiencia con un niño al que pueden ayudar a que se sienta como en casa.
Los recursos de los niños, su capacidad para dirigir su propio aprendizaje y juego y para apoyarse unos a otros pueden estar siendo especialmente infrautilizados, igual que el potencial de los profesionales para apoyarse unos a otros. Las personas con barreras para el aprendizaje deben educarse con el resto del alumnado, respetando su edad cronológica, facilitando su presencia en todas las actividades y participar de la vida escolar, identificando para ello las barreras que puedan tener y procurar su extinción o salvedad. Todo el alumnado tiene derecho a educarse en un contexto normalizado que asegure su futura participación e inclusión en la sociedad, en la que todos y todas debemos formar parte y participar de forma que posibilitemos una vida de calidad y convivencia lo mejor y más rica posible; ahí todas las personas deben ser importantes e imprescindibles.