Ozono y salud: 16 de septiembre: Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono

 

La capa de ozono

 

El término "capa de ozono" se utiliza para hacer referencia a una zona de la atmosfera terrestre situada en la estratosfera, entre los 20 y los 50 kms de altitud. Esta capa contiene el 90% del total de la cantidad de ozono presente en nuestra atmósfera, y es la responsable de la absorción de un 97-99% de la radiación ultravioleta o de alta frecuencia que nos llega procedente del Sol. Fue descubierta en 1913 por los físicos franceses Charles Fabry y Henri Buisson. Posteriormente el británico Gordon Dobson estudió sus propiedades deduciendo, mediante la observación de las trayectorias de caída de los meteoritos en la atmósfera, que el perfil de temperaturas en la troposfera no era constante, elevándose considerablemente, debido a que en esta zona la radiación UV era absorbida en mayor medida. Dobson fue el primer científico en tomar conciencia de la importancia del estudio y comprensión de las propiedades de la capa para el mantenimiento de la vida en nuestro planeta. De esta forma, estableció entre 1928 y 1958, una red de estaciones de observación para realizar un seguimiento continuo de la evolución de la capa de ozono. En consonancia y reconocimiento a su labor la unidad de medida de contenido de ozono se conoce como “unidad Dobson” y representa la cantidad de ozono contenida en una capa de 1mm de espesor y una amplitud superficial de 5x10 grados colocada teóricamente sobre la Península del Labrador. En los años posteriores Dobson, en colaboración con el meteorólogo Alan Brewer, fue capaz de explicar mediante modelos de circulación los pormenores que presenta la capa de ozono en sus distinto espesores según la latitud, y gracias a la red de estaciones de observación creada se constataron en los años 80 las evidencias de la aparición del llamado "agujero de ozono".

Con anterioridad, a principios de los 70, se publicaron las primeras advertencias de los posibles peligros para la capa de ozono que entrañaba la actividad humana. El primer factor identificado estaba asociado a las emisiones de óxidos de nitrógeno por parte de aeronaves supersónicas de pasajero como el Concorde. Después surgieron alertas relacionadas con las emisiones de ácido clorhídrico por los motores de transbordadores espaciales de la NASA, y finalmente en el año 1974 el famoso artículo de Sherwood Rowland y Mario Molina advirtió del efecto nefasto en la capa de ozono por parte del cloro liberado por los clorofluorocarbonos (CFC) que podían destruír el ozono.

Las evidencias descubiertas en estas investigaciones y publicadas a nivel internacional en distintos artículos científicos llevaron a la Organización Metereológica Mundial (OMM) a dirigir en 1975 la primera evaluación internacional del estado de la capa de ozono. En 1977 la OMM y el Programa de las Nacións Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) establecieron un Plan de Acción sobre la Capa de Ozono que llevó a la publicación en 1981 de la primera evaluación científica del agotamiento de la capa de ozono, a la que siguieron otras en este mismo sentido publicadas cada cuatro años impulsadas por el Programa de Vigilancia de la Atmosfera Global (VAG) de la OMM. Por otra banda, y en conmemoración del aniversario del establecimiento en Montreal en 1987 del protocolo relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono, se estableció por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas el día 16 de septiembre como “Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono”, instándose a los estados miembros a “dedicar este día especial a la promoción de actividades concretas que se correspondan con los objetivos y propósitos del Protocolo de Montreal y a sus enmiendas”. Entre las medidas fundamentales propuestas se encuentra la eliminación del uso de sustancias que agoten el ozono estratosférico, con la finalidad de proteger la capa de ozono para las actuales generaciones y las venideras.

El cumplimiento del Protocolo de Montreal viene demostrando su eficacia pues la cantidad de CRC está disminuyendo lentamente en los últimos años. Sin embargo la realidad es que aún existen en la atmósfera cantidades suficientes de cloro y bromo procedentes de las sustancias que agotan la capa de ozono (SAO) como para producir la destrucción del ozono existente entre los 14 y los 20 kms de altitud en la estratosfera antártica (el agujero de ozono antártico sigue apareciendo cada primavera entre agosto y septiembre), e incluso en las regiones árticas se pueden producir pérdidas. Hay que tener en cuenta que la reducción de la capa en regiones polares es mayor que en latitudes medias por causa de las diferentes condiciones meteorológicas y por la formación de nubes estratosféricas polares que desencadenan reacciones químicas que transforman gases inertes en cloro activo destructor de ozono a través de ciclos catalíticos. La evolución de la capa de ozono en la segunda mitad del siglo XXI dependerá en gran medida del contenido en la atmósfera de los gases de efecto invernadero de larga duración: dióxido de carbono, óxido nitroso y metano. Otros aspectos a tener en cuenta son los llamados "bancos" de SAO procedentes de antiguos equipos no eliminados aún, como los viejos frigoríficos no reciclados que podrían deteriorarse y filtrar a la atmósfera la SAO procedentes en su interior, o el hecho de que el tetracloruro de carbono atmosférico ni disminuye tan rápidamente como cabría pensar, ni sus emisiones son realmente las notificadsa por las Partes del Protocolo. Por otra banda, compuestos sustitutivos de los CFC como los hidrofluorocarbonos (HFC) y los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) son también constante objecto de debate por contribuir al calentamiento global del planeta.

 

La capa de ozono y la salud pública.

 

EEn cuanto a las consideraciones relativas a la reducción de la capa de ozono e a las implicaciones que la misma supone, no sólo en el medio ambiente sino también en la salud pública, en los últimos años se publicaron un buen número de artículos científicos e informe sobre el impacto del cambio climático y sobre el efecto de la reducción del ozono estratosférico en la salud humana, especialmente relacionados con su incidencia en enfermedades dermatológicas. El incremento mundial de cáncer de piel y otras afecciones relacionadas con las radiaciones ultravioletas, como sus efectos sobre los ojos o el sistema inmunitario, fueron reconocidas por la OMS que llamó a trazar estrategias de prevención. Existen evidencias científicas del incremento de cáncer de piel en personas expuestas de forma prolongada a radiaciones solares, especialmente en su infancia, y se estima que una disminución del 1% de la capa de ozono tiene como resultado un incremento del 2% en el número de casos de este tipo de cáncer. También hay evidencias que relacionan la elevada exposición a radiaciones ultravioleta con un incremento del riesgo de padecer cataratas o trastornos inmunodepresivos. En las estimaciones de la incidencia del cáncer de piel debido a la exposición a radiaciones ultravioletas excesivas el hecho de que la síntesis de la vitamina D dependa de la pigmentación de la piel y del grado de exposición, no hacen que sea fácil dar una recomendación sencilla sobre las dosis óptimas de exposición a los UVB que permitan incrementar suficientemente la síntesis de vitamina D sin incrementar el riesgo de sufrir cáncer de piel. También hay que tener en cuenta que las dosis personales de radiación UV dependen de diversos factores: ambientales (latitud, altitud, aerosoles, nubes, etc.) e sociales (tipo de trabajo, ocio, estética, etc.).

La radiación ultravioleta es emitida por el Sol con distintas longitudes de onda en las formas UVA, UVB e UVC, pero gracias a la absorción de la misma por la atmosfera, el 99% de los rayos ultravioletas que llegan son del tipo UVA, evitándonos las radiaciones más peligrosas para la salud como son las del tipo UVC (de menor longitud de onda y que son absorbidas por el oxígeno y el ozono de la atmósfera), y las de tipo UVB (que son absorbidas parcialmente por el ozono y puede ocasionar riesgos). El incremento de la radiación solar ultravioleta que alcanza la superficie terrestre puede producir serios efectos, no solamente sobre las personas, sino en otras formas de vida, incluso en pequeñas dosis. En la exposición controlada a la misma hay que tener en cuenta que sólo las nubes tipo cúmulos de gran desarrollo vertical atenúan estas radiaciones prácticamente a cero, sin embargo el resto de formaciones como cirros, estratos y cúmulos no las atenúan, por eso es fundamental la fotoprotección también en días nublados.

El sol tiene efectos positivos sobre el ser humano siempre con exposiciones al mismo en dosis adecuadas, pero la radiación ultravioleta provoca lesiones a corto plazo (eritema soloar, cambios inmunológicos) y a largo (fotoenvejecimiento y fotocarcinógenes) que hacen sopesar las ventajas e inconvenientes que tiene una exposición excesiva al sol sin fotoprotección, siendo la consecuencia más grave el melanoma. La necesidad de protección de la piel frente a la exposición solar es un problema importante para la salud. Es fundamental la adquisición de buenos hábitos de fotoprotección tan elementales como evitar el sol del mediodía, usar sombrero, ropa, gafas, fotoprotectores idóneos para cada fototipo de piel, teniendo especial cuidado en el caso de los niños, pues el efecto del sol “se acumula” y tiene memoria, de forma que la piel “recuerda” toda la radiación recibida desde la infancia. Uno de los principales factores de riesgo de padecer cáncer de piel en edad adulta es tener sufrido quemaduras o insolaciones repetidas en la infancia y adolescencia. Los expertos señalan que con una fotoprotección adecuada el riesgo de daño en la piel se puede reducir un 70%, y estudios clínicos concluyen que utilizar un fotoprotector de factor 15 durante los 18 primeros años de vida puede reducir hasta un 80% el riesgo de cáncer cutáneo.

 

Tratados y legislación para la protección de la capa de ozono.

 

Tratados:


Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono (1985).
Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono (1987).

 

Legislación internacional:


Reglamento (CE) 1005/2009 del Parlamento Europeo y del Consejo, sobre las substancias que agotan la capa de ozono.
Directiva 2008/50/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 21 de mayo de 2008 relativa a la calidad del aire ambiental y a una atmosfera más limpia en Europa.
Decisión de ejecución de la Comisión Europea de 11 de diciembre do 2014 por la que se determinan los límites cuantitativos e se asignan cuotas de sustancias reguladas de conformidad con el Reglamento (CE) 1005/2009 para el período comprendido entre el 1 de enero y el 31 de deciembre de 2015.

Reglamento (CE) 842/2006, de 17 de mayo, sobre determinados gases fluorados de efecto invernadero.

Reglamento (UE) 2017/605 de la Comisión de 29 de marzo de 2017 por el que se modifica el anexo VI del Reglamento (CE) 1005/2009 del Parlamento Europeo y del  Consejo sobre las sustancias que agotan la capa de ozono.

 

Legislación nacional:


Ley 34/2007, de 15 de noviembre, de calidad del aire y protección de la atmósfera.
Real Decreto 795/2010, de 16 de junio, por el que se regula la comercialización y manipulación de gases fluorados y equipos basados en los mismos, así como la certificación de los profesionales que los utilizan.

Real Decreto 100/2011, de 28 de enero, por el que se actualiza el catálogo de actividades potencialmente contaminadoras de la atmosfera y se establecen las disposiciones básicas para su aplicación.

Real Decreto 102/2011, de 28 de enero, relativo a la mejora de la calidad del aire.

Real Decreto 39/2017, de 27 de enero, por el que se modífica el Real Decreto 102/2011, de 28 de enero, relativo a la mejora de la calidad del aire.

 
Lexislación autonómica:

Ley 8/2002, de 18 de diciembre, de protección del ambiente atmosférico de Galicia.

Decreto 133/2008, por el que se regula la evaluación de la incidencia ambiental.

Ley 12/1995, del impuesto sobre contaminación atmosférica.

Decreto 29/2000, de 20 de enero, por el que se aprueba el Reglamento del impuesto sobre la contaminación atmosférica.

Orden de 30 de julio de 2009 por la que se desenvuelve el Reglamento del imposto sobre la contaminación atmosférica.

Decreto 10/2009, por el que se aprueban determinadas modificaciones en materia de tasas y precios del impuesto de contaminación atmosférica y en materia económico-administrativa.

 

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