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Cadáver exquisito realizado por Dali,
Gala, Breton y V. Hugo en 1928.











La escena del ojo rebanado en Le chien andalou,
la película de Buñuel y Dalí, de 1929.







Imagen de un "putrefacto", por García Lorca.






Juan Ramón Jiménez con su mujer Zenobia.






El burro "putrefacto" de Le chien andalou.






Luis Buñuel, boxeador, en la
Residencia de Estudiantes.
 

Documentos e imágenes:
surrealismo


De una carta de Luis Buñuel a Pepín Bello (1929)

París, 17 de febrero de 1929

¡ATENCIÓN! Lo que va subrayado con lápiz rojo es muy digno de que lo rumies bien después de leído atentamente.

Queridísimo Pepín: Recibo tu lacónica carta en la que me pides te diga sobre qué tema puedes escribir el artículo para El Amic dels Arts. Ya te dije que nos gustó muchísimo tu enumeración de las cosas que te gustan y que Dalí las iba a enviar al Amic. Yo le dije que suprimiera una o dos cosas como lo de los culos de los santocristos no por ser un mal gusto tuyo, pues a mí [me] parece de un gusto exquisito, teniendo en cuenta que los susodichos culos son los únicos que pueden llevarse de la mano y dejarlos jugar sin que se escapen y los cojan los tranvías, sino porque la censura podía haber intervenido y tú hubieras tenido algunos disgustos. Yo creo que es por ese camino por el que debes trabajar, teniendo la seguridad de que llegarás [a] hacer cosas muy buenas. Cuando te pongas a escribir arroja toda clase de prejuicios, olvídate de lo que la gente califica de literario, de buen gusto, de idiotez, etc., y da rienda suelta a tu instinto. Naturalmente pasarán días sin que hagas nada, pero uno vendrá que te cogerá inspirado, en que tu irracionalidad brotará libremente y entonces verás cómo te saldrán cosas buenas. Luego todo es cuestión de arreglar un poco el estilo -cosa facilísima- y de suprimir lo contingente dejando nada más lo esencial. No te propongas jamás escribir sobre tal o cual cosa, sino toma papel y pluma y deja que tu mano escriba sola. Además no [se] te ocurra nunca escribir un argumento preconcebido. Por el momento sirvan estos consejos. Estoy seguro de que cuando estemos juntos podré ayudarte eficacísimamente. Estoy seguro también de que harás cosas muy buenas. En el fondo tú has sido siempre un surrealista y nada más que eso y ya es bastante porque el surrealismo ES LO ÚNICO INTERESANTE EN EL TERRENO DE LA CREACIÓN ¿ARTÍSTICA? A continuación te traduzco unas cosas de Benjamín Péret, el ídolo de Dalí y mío, el más grande poeta de nuestra época y aun de todas las épocas. También te incluyo una prosa de Dalí reciente y por último [un] fragmento de un cuento magnífico muy largo que hice hace poco y que incluyo en el libro. Estoy seguro de que te entusiasmará: es infinitamente mejor y sobrepasa en mucho la intención de Hamlet.

BENJAMIN PERET

(hago un folletón -sobre él, con ejemplos- para la Gaceta que firmaremos Dalí, tú y yo)

¿Es verdad que las moscas no mueren en las saetas de los relojes? ¿Es verdad que la paja de arroz sirve para la confección de los hígados? ¿Es verdad que las naranjas surgen de los pozos de las minas? ¿Es verdad que la mortadela la hacen los ciegos? ¿Es verdad que las codornices se alimentan de ovejas? ¿Es verdad que las narices se extravían en las fortalezas? ¿Es verdad que las salas de baño desfallecen en los pianos? ¿Es verdad que en las cámaras obscuras no se oye nunca la canción de los sueños?...

[...] Péret es algo muy gordo dentro del surrealismo. Si estuviéramos juntos ibas a gozar de lo lindo con sus cosas. Lo que te he puesto no es más que una sombra. Ten en cuenta la diferencia de lo surrealista con la pura idiotez que sin embargo ya participa algo de esta tendencia. El surrealismo no hace más que animar la realidad corriente con toda clase de símbolos ocultos, de vida extraña yacente en el fondo de nuestra subconsciencia y que la inteligencia, el buen gusto, la mierda poética tradicional, habían llegado a suprimir por completo. Por eso es tan vital, está tan cerca de las fuentes primeras de la vida, del salvaje y el niño. Es una realidad auténtica sin deformaciones a posteriori. Cuando decimos que el bigote de Menjou hace tal y cual cosa decimos más verdad que cuando vemos un torpedo último modelo y hablamos de la velocidad que puede desarrollar. Para decir esto último necesitamos toda una cultura y una experiencia acabada. Por lo demás y verdaderamente el bigote de Menjou se desplaza mejor en el espacio que un 50 caballos. Hay que combatir con todo nuestro desprecio e ira toda la poesía tradicional desde Homero y Goete [sic] pasando por Góngora -la bestia más inmunda que ha parido madre- hasta llegar a las ruinosas deyecciones de todos nuestros poetillas de hoy. Siento que estas insinuaciones queden tan deficiente y someramente expresadas, pero me vengaré cuando nos veamos.

[...] Comprenderás la distancia que nos separa a ti, Dalí y yo de todos nuestros amigos poetas. Son dos mundos antagónicos, el polo de la tierra y el sur de Marte, y que todos sin excepción se hallan en el cráter de la putrefacción más apestante. Federico quiere hacer cosas surrealistas, pero falsas, hechas con la inteligencia, QUE ES INCAPAZ DE HALLAR LO QUE HALLA EL INSTINTO. Ejemplo de su maldad el último fragmento publicado en la Gaceta. Es tan artístico como su Oda al Santísimo Sacramento, oda fétida y que pondrá erecto el débil miembro de Falla y de tantos otros artistas. A pesar de todo, dentro de lo irremediablemente tradicional, Federico es de lo mejor, si no lo mejor, que existe. Alberti llega a producir en mí un malestar más grande que la idea de un Dios, que la materia fecal que fluye en el vientre de las mujeres bonitas, que la Sociedad de Cursos y Conferencias, que la jota aragonesa, que los conciertos de la sinfónica, que Aladrén; Alberti me repugna por los cuatro costados. El pobre intenta meterse con nosotros. Me agradará que lo consiga. Alberti, el anti-vital y gárrulo Alberti. Piu piu currucutupio tiu tiu tiu.

Nuestro film entra de lleno en todo esto. Oscila dentro del mismo mundo. Lo comienzo el mes que viene.

Y nada más. Un abrazo muy fuerte de

BUÑUEL

[Agustín Sánchez Vidal, Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin, Barcelona: Planeta, 1988, pp. 193-194, 197 y 198.]

 

Carta de Luis Buñuel y Salvador Dalí a Juan Ramón Jiménez (1928)

Sr. Dn. Juan Ramón Jiménez

Madrid

Nuestro distinguido amigo: Nos creemos en el deber de decirle -sí, desinteresadamente- que su obra nos repugna profundamente por inmoral, por histérica, por cadavérica, por arbitraria.

Especialmente:

¡¡MERDE!!

para su Platero y yo, para su fácil y malintencionado Platero y yo, el burro menos burro, el burro más odioso con que nos hemos tropezado.

Y para V., para su funesta actuación, también:

¡¡¡¡MIERDA!!!!

Sinceramente

LUIS BUÑUEL SALVADOR DALÍ

[Agustín Sánchez Vidal, Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin, Barcelona: Planeta, 1988, p. 189.]

 

Salvador Dalí explica la carta anterior

En aquel momento queríamos mandar, para crear una especie de subversión moral, una carta a la persona más prestigiosa de España, únicamente para provocar una reacción y que la gente dijera: "¿Por qué lo han hecho?", y tal y cual. Entonces habíamos escogido dos o tres, y habíamos pensado en Falla, que tenía un gran prestigio, para decirle que era un hijo de puta, etc.: lo más que se puede decir; los pusimos en un sombrero (los nombres), y salió Juan Ramón Jiménez. Justamente acabábamos de visitar a Juan Ramón el día anterior, que nos había recibido sentimentalmente: "A ver, esa juventud maravillosa...", y dijo haber encontrado unos chicos magníficos en nuestro grupo. Entonces, sale en el sombrero y escribimos la carta, que era una carta terrible contra Platero, que el asno de Platero era un asno podrido, aquello de las estrellas era un sentimentalismo...; además, es verdad, a mí nunca me ha gustado Juan Ramón Jiménez, encuentro que es un poeta pésimo. En el momento de echar la carta, Buñuel tuvo una duda, pero la echó, la echamos, y al día siguiente Juan Ramón estuvo enfermo, diciendo: "No comprendo, un día antes recibo a estos chicos; me parecen... Y al día siguiente me insultan de la manera más grosera..." Y no lo comprendió nunca. Fue una cosa incomprensible.

[Agustín Sánchez Vidal, Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin, Barcelona: Planeta, 1988, pp. 191-192.]

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