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e imágenes:
cubismo y renovación pictórica
Guillaume
Apollinaire: Fragmentos de Los pintores cubistas (1913)
Las
virtudes plásticas: la pureza, la unidad y la verdad
tienen a la naturaleza vencida a sus pies.
[...] Dejamos a los obreros dominar el universo y los jardineros
tienen menos respeto por la naturaleza que los artistas.
Es tiempo de ser los amos. La buena voluntad no garantiza la
victoria.
[...] Los pintores virtuosos de esta época occidental
estiman su pureza sin tener en cuenta las fuerzas naturales.
[...] Cada divinidad crea a su imagen y semejanza; así
lo hacen los pintores. Y sólo los fotógrafos fabrican
la reproducción de la naturaleza.
La pureza y la unidad no cuentan sin la verdad que no puede
compararse con la realidad, puesto que son una misma, más
allá de todas las naturalezas que se esfuerzan en retenernos
dentro del orden fatal en el que no somos más que animales.
Ante todo, los artistas son hombres que quieren volverse inhumanos.
Buscan penosamente las huellas de la inhumanidad, huellas que
no encuentran por ninguna parte en la naturaleza.
[...] En casos de este tipo, todavía se condesciende
en ocasiones y se utilizan palabras vagamente explicativas como
retrato, paisaje, naturaleza muerta; pero muchos jóvenes
pintores emplean exclusivamente el vocablo general de pintura.
Esos pintores, aun cuando sigan observando la naturaleza, ya
no la imitan y evitan cuidadosamente la representación
de escenas naturales observadas y reconstruidas por el estudio.
La verosimilitud ya no tiene ninguna importancia, puesto que
el artista lo sacrifica todo a las verdadades, a las necesidades
de una naturaleza superior que él supone sin descubrirla.
El tema ya no importa nada o apenas nada.
El arte moderno rechaza, en general, la mayor parte de los medios
de agradar utilizados por los grandes artistas de tiempos pasados.
Si bien la finalidad de la pintura sigue siendo la de siempre,
el placer de la vista, al aficionado se le pide ahora que encuentre
en ella otro placer distinto del que le procura el espectáculo
de las cosas naturales. Así nos vamos encaminando hacia
un arte enteramente nuevo, que será a la pintura, tal
y como se había concebido hasta aquí, lo que la
música es a la literatura.
Será pintura pura, lo mismo que la música es literatura
pura.
[...] Los jóvenes pintores de las escuelas extremadas
tienen como fin secreto hacer pintura pura. Es un arte plástico
enteramente nuevo. Sólo está en sus comienzos
y tofavía no es tan abstracto como quisiera. La mayoría
de los pintores nuevos están haciendo matemáticas
sin saberlo o sin saberlas pero no han abandonado todavía
a la naturaleza, a la que interrogan para aprender de ella el
camino de la vida.
Un Picasso estudia un objeto como disecciona un cadáver
un cirujano.
[...] Se ha reprochado enérgicamente a los pintores nuevos
sus preocupaciones geométricas. Sin embargo, las figuras
geométricas son lo esencial del dibujo. La geometría,
ciencia que tiene por objeto la extensión, su medida
y sus relaciones, ha sido de siempre la regla misma de la pintura.
Hasta ahora, las tres dimensiones de la geometría euclidiana
bastaban a las inquietudes que nacían del sentimiento
de infinito en el alma de los grandes artistas.
Los pintores nuevos no se han planteado ser geómetras,
como tampoco lo hicieron sus ancestros. Pero puede decirse que
la geometría es a las artes plásticas lo que la
gramática es al arte del escritor. Así pues, hoy,
los sabios ya no se limitan a las tres dimensiones de la geometría
euclidiana. Los pintores se han visto conducidos natural y,
por así decirlo, intuitivamente, a preocuparse por las
nuevas medidas posibles de la extensión que en el lenguaje
de los mundillos modernos se designaban global y brevemente
por el término de cuarta dimensión.
Tal y como se presenta en la mente, desde el punto de vista
plástico, la cuarta dimensión estaría engendrada
por las tres medidas conocidas: configura la inmensidad del
espacio eternizándose en todas las direcciones en un
momento determinado. Es el espacio mismo, la dimensión
del infinito; es la que dota a los objetos de plasticidad.
Les da las proporciones que merecen en la obra, mientras que
en el arte griego por ejemplo, hay un ritmo como mecánico
que destruye las proporciones sin cesar.
El arte griego tenía una concepción de la belleza
puramente humana. Tomaba al hombre como medida de perfección.
El arte de los pintores nuevos toma el universo infinito como
ideal y gracias a este ideal existe una nueva medida de la perfección
que permite al pintor dar al objeto proporciones conformes con
el grado de plasticidad que desea alcanzar.
[...]
Añadamos que esta imaginación: la cuarta dimensión,
sólo ha sido la manifestación de las aspiraciones,
de las inquietudes de gran número de jóvenes artistas
cuando observaban esculturas egipcias, negras y oceánicas,
cuando meditaban sobre obras científicas, cuando esperaban
un arte sublime, y, que ya sólo se atribuye a esta expresión
utópica, que había que comentar y explicar, un
interés por así decirlo histórico.
[...] Al querer alcanzar las proporciones de lo ideal, al no
limitarse a la humanidad, los jóvenes pintores nos proporcionan
obras más cerebrales que sensuales. Se alejan cada vez
más del antiguo arte de las ilusiones ópticas
y de las proporciones locales para expresar la grandeza de las
formas metafísicas. Por ello es por lo que el arte actual,
sin ser emanación directa de creencias religiosas determinadas,
presenta sin embargo varios rasgos del gran arte, es decir del
Arte religioso.
[...] Los grandes poetas y los grandes artistas tienen por función
social renovar sin cesar la apariencia que reviste la naturaleza
a los ojos de los hombres.
Sin
los poetas, sin los artistas, los hombres se aburrirían
rápidamente de la monotonía natural. La idea sublime
que poseen del universo se desmoronaría a una velocidad
vertiginosa. El orden que aparece en la naturaleza y que no
es más que un efecto del arte se desvanecería
de inmediato. Todo se desharía en el caos. No habría
más cambios de tiempo, ni más civilización,
ni más pensamiento, ni más humanidad, ni siquiera
más vida y la imponente obscurisas reainaría para
siempre.
Los poetas y los artistas determinan al unísono la imagen
de su época y dócilmente el futuro se pone de
su parte.
[...]
Lo que diferencia al cubismo de la antigua pintura, es que no
es un arte de imitación, sino un arte de concepción
que tiende a elevarse hasta la creación.
[Guillaume Apollinaire, Meditaciones
estéticas. Los pintores cubistas (1913), Madrid:
Visor (La Balsa de la Medusa,
70), 1994.]
Wassily
Kandinsky: en De lo espiritual en el arte (1910)
[...]
Así surgió en parte nuestra simpatía,
nuestra comprensión, nuestro parentesco espiritual
con los primitivos. Al igual que nosotros, estos artistas
puros intentaron reflejar en sus obras solamente lo esencial;
la renuncia a la contingencia externa surgió por sí
misma.
[...]
Nuestra pintura se halla actualmente en un estadio diferente:
su emancipación de la naturaleza está
en los comienzos. Hasta ahora, la utilización del color
y la forma como agentes internos ha sido más bien inconsciente.
La subordinación de la composición a una forma
geométrica ya aparece en el arte antiguo (por ejemplo
en los persas). La construcción sobre una base puramente
espiritual, requiere un largo trabajo, que se inicia casi
a ciegas y a tientas. Es necesario que el pintor cultive no
sólo sus ojos sino tambien su alma para que ésta
aprenda a sopesar el color con su propia balanza y actúe
no sólo como receptor de impresiones exteriores (a
veces también interiores) sino como fuerza determinante
en el nacimiento de sus obras.
[...]
Cuando se elimina el elemento figurativo de la composición
melódica y se descubre la forma pictórica subyacente,
aparecen formas geométricas primitivas o una estructura
de lineas simples, que apoyan un movimiento general.
[Wassily
Kandinsky, De lo espiritual en el arte, Barcelona:
Barral, 1973.]