MODIFICACIÓN GENÉTICA Y MEDIO AMBIENTE

Las conferencias invitadas a este "workshop" pretendían cubrir todo el espectro biológico de las aplicaciones de la tecnología del DNA recombinante a la mejora genética, incluyendo así trabajos con bacterias, hongos, plantas y animales.

La conferencia del Dr. José Luis García (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid), sobre el diseño de biocatalizadores para la desulfuración de petróleo, puso de manifiesto la imprescindible cooperación entre ingenieros, químicos y biólogos moleculares para abordar estos proyectos de ingeniería metabólica, en los cuales tan importante como conseguir que las bacterias hagan algo que nos interese (desulfurización del petróleo en este caso), es que lo efectúen de una manera específica (sin restar potencial energético al hidrocarburo, por ejemplo). La complejidad de las redes metabólicas hace que su manipulación conduzca muchas veces a consecuencias imprevistas, que obligan a continuos retoques que convierten el trabajo de estos especialistas en algo que a mí se me antoja muy parecido a una verdadera obra de arte. Parecerá mentira para quien no haya asistido, pero el Dr. José Luis García fue capaz de transmitirnos una auténtica sensación de estar contemplando algo hermoso, sin restar ni un ápice al rigor científico de su presentación.

La Dra. Tahía Benítez (Universidad de Sevilla) nos resumió en poco más de 50 minutos un trabajo de muchos años, del que es imposible tener idea cabal con la sola lectura del resumen que publicamos en el libro de actas del congreso: nada mejor que un hongo para protejerse de otro hongo. Su descripción de los sucesivos pasos que hubieron de dar para construir cepas hiperhidrolíticas del hongo filamentoso Trichoderma harzianum, combinando técnicas clásicas de selección de variedades naturales con las más modernas del DNA recombinante, fue ejemplar. Tanto como impresionante fue la evidencia que nos mostró de los estragos producidos por otro hongo, Botrytis cinerea, en las plantaciones de vid en Andalucía, y del éxito que parece finalmente haberles acompañado en la aplicación de las cepas de Trichoderma para controlar a este patógeno. Mucha biología molecular, cierto, pero aderezada con el estudio imprescindible de componentes ecológicos, que sirvió para ilustrar las muchas dificultades que hay que sortear para utilizar un organismo en un medio ambiente que le es extraño. Así, Trichoderma es un hongo del suelo, pero para que resulte eficaz en la protección de las vides, deben rociarse las uvas con él, exponiéndolo de esta forma a unas condiciones ambientales que pueden superar holgadamente los límites de tolerancia de las varieades naturales.

La Dra. Blanca San Segundo (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Barcelona) nos ilustró sobre cómo utilizar la coevolución entre plantas e insectos para diseñar una estrategia de protección, a medio plazo, de las plantas con interés comercial. Frecuentemente hay una gran especificidad en las asociaciones entre las plantas y los insectos que se alimentan de ellas, que participan en algo parecido a una carrera de armamentos. La evolución, en la planta, de un gen de resistencia (gen de defensa), se corresponde con la evolución de un gen de avirulencia en el insecto. El lepidóptero Chilo suppresalis constituye una de las peores plagas de las plantaciones de arroz, pero no es capaz de atacar, por ejemplo, las plantas de maíz. La Dra. San Segundo y su equipo habían conseguido introducir uno de los genes de defensa del maíz (un inhibidor de proteasas) en el arroz, confiriendo así a las plantas transgénicas una resistencia inmediata frente al ataque de Chilo. Todo perfecto: protección "natural" frente al ataque de un insecto en concreto, sin ninguna de las consecuencias negativas para el medio ambiente que tiene la utilización masiva de insecticidas. Sin embargo, no a todo el mundo debió de parecerle así: un día aciago un grupo de descerebrados consiguió acceder a los recintos experimentales, y todas las plantas transgénicas fueron sistemáticamente destruidas. La Dra.San Segundo, con esta dolorosa experiencia –dolorosa, sí, como podrá atestiguar cualquiera que sepa del mucho sacrificio personal que supone cualquier logro científico- puso sobre el tapete las cotas de irracionalidad que ha alcanzado en algunos miembros de la sociedad el debate sobre los productos transgénicos. Un debate que, ya antes del congreso se había cobrado su primera "víctima", al anunciarel Dr. Juan José Estruch, de la empresa Novartis, su incomparecencia en el congreso al que había sido invitado, por recomendación de los abogados de su empresa. Con los grupos de integristas ecológicos por un lado, y los intereses empresariales por el otro, es probable que en los próximos años asistamos a un cada vez mayor secretismo y oscurantismo en todos estos temas, hurtándolos así al imprescindible debate científico que debiera servir para regularlos.

La conferencia del Dr. Armand Sánchez (Universidad Autónoma de Barcelona), por último, nos ofreció una amenísima panorámica histórica de los distintos métodos para obtener mamíferos transgénicos, y de sus muy diferentes aplicaciones, ilustradas con resultados de su propio grupo de investigación sobre la beta- lactoglobulina de oveja y cabra. Para quienes no somos expertos en producción animal, quizás lo más sorprendente hayan sido las cifras del coste de estabulario, que alcanzan valores increíblemente elevados para las especies de mayor tamaño. Este factor, unido al del tiempo de generación, condiciona inevitablemente la elección del material de trabajo, y explica en gran medida la escasez de resultados obtenidos hasta ahora con especies de interés ganadero, aunque los avances recientes en técnicas de clonación en mamíferos auguran muy buenas perspectivas en este campo.

Horacio Naveira Fachal
Universidad de A Coruña