Sobre
un pequeño islote, en la ría de A Coruña, se
edificó a finales de la Edad Media una capilla dedicada a San Antón,
en la que se recogía a los navegantes enfermos del mal gangrenoso
“Fuego de San Antón”. Este islote fue más tarde utilizado
como lazareto, lugar de confinamiento de los viajeros sospechosos de padecer
lepra.
Las obras de construcción del castillo de San Antón comenzaron en 1587, como indica una inscripción situada junto al escudo del marqués de Cerralbo en la portada de la fortaleza. Durante el ataque inglés de Francis Drake en 1589, el castillo que estaba en fase de construcción defendió eficazmente con su artillería la muralla de la ciudad. El rey Felipe II ordenó que se acabara el fuerte, bajo la dirección del ingeniero Rodríguez Muñiz.
Tras el ataque de 1639, en que la escuadra francesa asedió la ciudad, la bahía coruñesa quedó protegida por los fuegos cruzados de los castillos de San Antón y San Diego (hoy desaparecido). Tras este ataque el marqués de Valparaíso propuso a Felipe IV la reforma de la fortificación, que concluiría en el siglo XVIII, cuando el ingeniero Antonio López Sopeña construyó la Casa del Gobernador con su pequeña capilla neoclásica en el eje de la composición del edificio.
En el siglo XX se unió
a tierra, dejando de ser una isla. En 1960 el ministerio del Ejército
lo cedió al Ayuntamiento, tras una larga etapa como prisión
militar. En 1964 se convirtió en Museo Arqueológico e Histórico
de A Coruña.


| Dpto.
de Composición.
Universidade da Coruña. |